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Patatas fritas de paquete: hipercalóricas, adictivas y no son saludables. Pero no se las pierdan

Patatas fritas de paquete: hipercalóricas, adictivas y no son saludables. Pero no se las pierdan

No sabe bailar, no sabe cantar. No se la pierdan”. Con ese titular de The New York Times recibía la ciudad de los rascacielos a Lola Flores en 1979 cuando la jerezana iba a debutar en el Madison Square Garden. Con las patatas fritas de paquete ocurre igual: no son sanas, engordan y son adictivas. Pero no se las pierdan. Un paquete de patatas fritas es una tentación ante la que hay que sucumbir antes de que desaparezca, según el mandato que la bibliografía popular igual atribuye a Epicuro que a Wilde. Da igual, porque ni la filosofía ni la literatura le han prestado la atención que amerita el snack más popular del mundo.

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Y ahora ¿qué comemos?, un viaje inquietante a la industria alimentaria con el guía que llegó del lado oscuro

Y ahora ¿qué comemos?, un viaje inquietante a la industria alimentaria con el guía que llegó del lado oscuro

Para no comprar comida basura en los supermercados se necesita constancia, adiestramiento básico para evitar las trampas y sobre todo unas gafas de aumento para leer la letra pequeña de los envases. Ahí está el código alfanumérico que lo chiva todo. Lo sabemos, pero es que resulta imposible leerse esa literatura química en cada lata de atún o en el bote de salsa de tomate. Bienvenidos al apasionante mundo de los sorbatos, nitritos, sulfitos y antioxidantes. Además, muchos símbolos, compuestos y porcentajes dejarán indiferente a los neófitos. Pero avisados estamos. Para facilitarnos el camino, Christophe Brusset, un ingeniero agroalimentario con veinticinco años de experiencia en empresas y multinacionales del sector como comprador de materias primas en el mercado mundial, ha publicado Y ahora ¿qué comemos? (editorial Península /Atalaya), que debe entenderse como una continuación de su exitoso ¡Cómo puedes comer eso¡, un libro polémico que circuló de mano en mano y en el que revelaba algunas prácticas del sector sobre la comida industrial y la ignorancia de los consumidores sobre lo que compramos.

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El hombre que edita (y susurra) a los chefs

El hombre que edita (y susurra) a los chefs

Su memoria olfativa es el olor a papel, la herencia recibida es el de una digna y comprometida empresa editora que empezó publicando libros técnicos de pastelería de 7×10 centímetros para que cupiesen en el bolsillo de la bata de los pasteleros; y su ambición es la de proyectar luces sobre una generación de cocineros españoles que está haciendo historia o que están llamados a hacerla. Su afán es la perfección, su pasión editar y la gastronomía; su color, el blanquiazul, estirpe periquita. Se llama Javi Antoja, barcelonés de 43 años, director de Montagud editores, y se hizo editor entre fichas de croasanes, fórmulas de hojaldre y carolinas. Su padre, que era redactor jefe de la editorial, compró la empresa cuando el nieto del fundador -tercera generación- decidió desprenderse de ella. Por entonces, Antoja hijo entraba como becario en la firma.

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Oda a la croqueta, que debería tener hueso para saber cuántas te comes

Oda a la croqueta, que debería tener hueso para saber cuántas te comes

La croqueta, ese ingenio ovalado, redondo, rectangular o deliberadamente informe, es una de las pocas creaciones culinarias que ha sido capaz de crear una ciencia, una escuela y una enciclopedia de saberes populares en torno a su naturaleza, composición y sabor. La croqueta es extremadamente flexible en cuanto a ingredientes, tamaño, forma y enjundia. Y cada quien tiene la suya propia. Pero jamás discuta: la de cada madre es la mejor. La croqueta construye más España que la red de carreteras nacionales. Socorrida como ella sola, igual sirve para un primero que para un segundo plato, aguanta perfectamente en un táper un día de excursión, soporta largas estancias en el congelador como si fuera Shackleton, gusta a niños y mayores y, por si fuera poco, es la reina de las bandejas con blondas en cualquier cóctel que se precie.

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Los whiskies escoces y japoneses se llevan bien con las botas de jerez

Los whiskies escoces y japoneses se llevan bien con las botas de jerez

Los escoceses poseían el agua cristalina de sus ríos, la cebada y la turba producida por siglos de descomposición del brezo. Con estos ingredientes se pusieron manos a la obra. Sabemos que desde el siglo XV los monjes fabricaban un mejunje líquido medicinal destilando alcohol de vino. El aqua vitae de Escocia. Sin embargo, los monasterios, con la reforma protestante, perdieron esa tarea a favor de los cirujanos barberos de la época, unos profesionales que igual te cortaban el pelo, te hacían una sangría, te sajaban media pierna sin chistar o fabricaban un brebaje que hoy consideramos el antecedente del whisky. Aquella cosa ni se envejecía en barricas ni se rebajaba con agua. Ese destilado más bien debía estar emparentado con los anestésicos. Un siglo después, aquel líquido ámbar perforador de esófagos dejó de producrise con fines medicinales. Y a partir de ahí, como siempre ocurre en la historia: cuando alguien descubre algo rico, las autoridades vienen y lo joden todo.

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La cocina fácil de dos genios

La cocina fácil de dos genios

Martín Berasategui & David de Jorge es un matrimonio bien avenido. Cocineros, vascos, socios, amigos y disfrutones. Hay incluso una relación paterno-filial adobada con el cariño protector del primero al segundo y con el respeto máximo del segundo al primero. David de Jorge, Robin Food para el estrellato gastronómico-mediático, es capaz de morder a quien se atreva a faltarle a su mentor. Y cuando hablamos de morder estamos hablando de morder. Literalmente. A dentelladas. Y Martín, de 60 años, diez años más que su discípulo, lo adora y, con generosidad, sostiene que no había alcanzado las doce estrellas Michelin que adornan sus restaurantes sin el concurso de David.

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¿Cuándo se jodió el chorizo?

¿Cuándo se jodió el chorizo?

Hubo un momento en el que se jodió el chorizo como se jodió el Perú de Zavalita. Alguna mano negra debió decretar que el chorizo representaba lo peor de la despensa patria. Si servidor fuera Miguel Bosé afirmaría que esto es una conspiración. Colesterol, grasa, calorías, sal, azúcares…¡ boooommm ¡ ¡ el corazón, ay, el corazón ¡ Y con el corazón no se juega. Esa es la Estación termini del mal comer. Ácidos grasos saturados, carbohidratos, conservantes…un scrabble de palabrejas que convierten un bocado exquisito en un manual de física orgánica que te quita el apetito. Aunque a la vez que se denosta al chorizo y demás subproductos del cochino, la bollería industrial, las palomitas o las hamburguesas a 1,80€ siguen campando a sus anchas. También se han llevado sus patadas en las espinillas, que todo hay que decirlo. Pero posiblemente con más razón y argumentos de los utilizados para atacar al chorizo español. Y no se trata de ignorar las consecuencias para salud del abuso del chorizo ni de ponerlo a la cabeza de la health revolution. Pero es justo no meterlo en el mismo saco de otros embutidos elaborados de aquella manera y ni siquiera con los chorizos de ínfima calidad.

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Propuestas catástroficas para la digestión pero gloriosas para el espíritu

Propuestas catástroficas para la digestión pero gloriosas para el espíritu

Es día 26 diciembre y posiblemente tenga el estómago enfoscado. Como si se hubiera comido una vaca entera con cencerro incluido. Una digestión pesada le ha dado la noche y un terrible ardor le sube del esófago a la garganta desparramando unos jugos ácidos terribles. Suele suceder. Nada nuevo. Está usted incluido en un larguísimo listado de ciudadanos afectados por los mismos síntomas, generalmente estacionales. Y no hay vacuna. Lo que le contamos a continuación no solo no le va a ayudar en nada sino que si es un irresponsable y hace caso a estas sugerencias es posible que todos sus síntomas empeoren. Pero esto no es un consultorio de salud. Avisados quedan. Ánimo, que usted puede.

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El vino de las olas

El vino de las olas

América envió a España su música popular y los flamencos afilaron el compás hasta convertila en colombianas, guajiras, vidalitas y rumbas. Los bodegueros de Jerez embarcaron sus generosos en los barcos que hacían la travesía trasatlántica. Y el océano devolvió los vinos, igual que hizo con los cantes, en una travesía de ida y vuelta. También conocidos como vinos viajados o mareados, vinos paseados o en viaje redondo, como guste. Los comerciantes brítanicos de vinos los catalogaron como «East India».  El folclore latinoamericano se aclimató y se hizo cante una vez ahormado en territorios de Sevilla, Cádiz o Huelva. Ese regalo musical que vino de ultramar a veces lo traía puesto el propio Silverio Franconetti o Pepa de Oro a su regreso de las antiguas colonias. Respecto al vino, los cambios de temperatura y presión, y «la universidad del oleaje», como escribió Neruda, hicieron su trabajo y provocaron un envejecimiento acelerado del contenido de las botas.

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La anchoa del Cantábrico: una historia muy siciliana

La anchoa del Cantábrico: una historia muy siciliana

El método. Todo está en el método. Esa cosa tan de Descartes de buscar la verdad. Y la verdad está en el fondo de cada lata de anchoas Sanfilippo. Solo el mejor producto –el bocarte de primavera: de abril a junio-, con el tamaño adecuado y un tratamiento puramente artesanal. Así lo hacía ya Giuseppe Sanfilippo, el chaval que llegó a Bermeo con 11 años para ayudar a un tío que trabajaba ya en la anchoa. Era 1920. Hace un siglo exacto. El año del Tratado de Versalles que certificaba el fin de la I guerra mundial, el mismo año en que se extendía por el mundo la llamada gripe española. Aquel Sanfilippo nacido en Porticello, provincia de Palermo (Sicilia), en la Costa Tirrena, arribó a España a la sombra de su tío, como otros miles de italianos, persiguiendo la anchoa justo cuando los caladeros italianos estaban esquilmados. Cuando descubrieron el bocarte de primavera del Cantábrico los italianos decidieron desplazar a sus equipos a estas costas. Las campañas eran largas. Así que muchos echaron raíces, familias y negocios. Más de un centenar de marcas italianas terminarían asentándose en Cantabria.

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