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El libro de Peyró

Mesas y despensas de un disfrutón con criterio y mucha literatura en el gaznate

 

ucho se ha hablado y escrito del libro de Ignacio Peyró, que tiene ya un tiempo. En general, creo que su «Comimos y bebimos. Notas de cocina y vida» abre un nuevo camino en la literatura gastronómica española. O, como mínimo, revitaliza, el estilo clásico del conocimiento gastronómico, el disfrute refinado y la literatura.

Peyró es un gentleman. Un español educado, culto, inteligente, y disfrutón de paladar educado. Y muy british. Dice Rafa de Miguel que nació con corbata. Se siente tan cómodo en tabernas como en el Buck´s Club. Y ha escrito un libro delicioso, con la erudición cultivada de quien sabe de lo que habla y de lo que ingiere. «Comimos y bebimos. Notas de cocina y vida» (Libros del Asteoride) es un magnífico repaso a sus querencias, donde da rienda suelta a sus anatemas y abjura de la impostura gastronómica con contaminante entusiasmo y calidad literaria. Escribe muy bien Peyró, hoy al frente del instituto Cervantes en Londres, ciudad que retrata lateralmente en su cuenta de instagram. Ya había formulado una declaración de amor a la cultura inglesa en «Pompa y circunstancia», un imprescindible. Es reincidente.

Me encanta el primer recuerdo de la casa familiar de Extremadura, en el «frescor azulado» de una finca a punto de ser arrasada por un incendio pavoroso que corría desde Portugal. El salmonete, las almejas, el arroz y el vino blanco. Con su madre -«con la desenvoltura en la cocina de un Wellington«- a los fogones. Es el más autentico y sanguíneo recuerdo del libro, porque sin memoria no existe casi nada, pero la gastronomía se hace un sueño imposible. Aquel banquete con el pavor del fuego como telón de fondo en el verano extremeño es la palanca de lo que vendrá después.

Peyró, que en lo tocante a las cosas de comer se declara » un tradicionalista curioso o un conservador abierto» no oculta su desinterés por la inflación de trampantojos y pretenciosas cartas, a veces prescindibles y otras, hilarantes. Cultiva el producto de temporada y los templos clásicos, algunos desaparecidos, lo que escabecha el camino de la nostalgia.

En fin, que se lo lean. Es delicioso en todos los órdenes, una apelación a los sentidos y un trabajo de criterio innegociable. Encontrarán disfrute, conocimiento, humor y una mirada que alimenta y que ha sido ya comparada con la de Pla, Camba o Cunqueiro. En cualquier caso, alumbra la literatura gastronómica española.
En este «Comimos y bebimos», la primera persona del plural del pretérito perfecto de indicativo de los verbos comer y beber debería entenderse como una primera edición de sus correrías disfrutonas y de su forma de estar en el mundo. Ha de ser mejorada en las siguientes entregas. Cuando cumpla 50, 60, 70 y lo que la salud le permita; o sea, cuando la vida le haya llevado por nuevas mesas, despensas y bodegas . Porque la pregunta es ¿cómo es posible que este tipo de 39 años haya disfrutado ya tanto y lo cuente tan bien?

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